jueves, 21 de julio de 2011

Tormenta de miedos


Naufrago en el mar de una esperanza,
Esperando encontrar una luz después de tanta neblina,
Pero las circunstancias así no lo quieren,
Sólo soy un peón, una ficha sin importancia en mi mente.
Imagen tomada de: http://www.zonacharrua.com/muj/i.ytimg.com/vi/x2sd8UMUaIk/hqdefault.jpg

Me encuentro en altamar,
Visualizo un faro a lo lejos, creo ver una luz,
Pero no es más que un espejismo, mi mente me ha engañado… otra vez.

Dejo caer el ancla en un mar árido,
Aunque es otro espejismo de mi mente,
Esta vez creo que tuvo sentido arribar allí,
Nubes negras inundan el cielo,
Una tormenta se avecina, truenos y relámpagos vienen con ella.

Me detengo a mirar atrás y veo como una
Tormenta de recuerdos se aproximan,
Entonces entiendo el porqué de la lluvia y de aquel vendaval,
Son aquellos miedos que alguna vez hice a un lado
Y que ahora han retornado para ser enfrentados.

Desanclo la barca y emprendo nuevamente un rumbo,
Intento huir de la tormenta, pero me detengo y pienso,
Que en cualquier lugar que me oculte esa fuerza será como mi sombra.
Después de enfrentarla veo como toma forma
Una sombra gigante que cubre la barca,
Se abalanza sobre mí,
Pero una luz emana de mi pecho y logra hacerle un agujero,
Termino con mi vida pero también
He culminado con la sombra de mis miedos.


sábado, 16 de julio de 2011

Soñando despierta

Imagen tomada de: http://www.mnkstudio.com/blog/wp-content/uploads/2008/12/laberinto-cordes-sur-ciel-41.jpg

Atraviesas un enorme laberinto,
Al fin llegas a mí, pero aquí no te siento,
Lo sé, aún no me has perdonado,
Sólo viniste porque te sentiste obligado,
Pero ahora te encuentras frente a mí,
Con una mirada perdida en el pasado,
Mis intentos de mirarte a los ojos son en vano,
No los respondes, de repente parpadeas
Y vuelves la mirada; encuentro miedo, dolor, tristeza,
Mis ojos brillan por ver esa mezcla de sentimientos;
Te pido que tomes mi mano,
Tú lo haces, pero estás frío; extraño ese calor
Que brotabas con tan sólo un abrazo.
Ahora nuestras manos están enlazadas,
Nuestros ojos mantienen su brillo y mirándose unos a otros,
Sueltas mis manos y me llevas contra tu pecho,
Nuevamente siento ese calor que tanto extrañaba,
Repentinamente susurro un perdóname a tu oído izquierdo,
Y escucho tu voz diciéndome “te quiero”
Acaricias mi rostro con una rosa, mientras cierro mis ojos,
La llevas hasta mi cuello y la subes a mis labios,
Te detienes y yo despierto mi mirada
De un sueño hecho realidad;
Te pido que me beses como si fuera la primera vez,
Tenía ese recuerdo en mi mente y quería que se cumpliera,
Pero cuando vi que tus ojos se cerraron y se acercaron
A mis labios, viví el mejor momento de mi vida,
Tener de nuevo esa experiencia, aunque  mejor que la primera.
Luego besé tu frente y de nuevo acariciaste mi rostro,
Pero esta vez con tus manos, las que habían recuperado su calor,
Volví a tu mirada y esta ya no tenía dolor, ni miedo ni tristeza,
En ella se reflejaba un profundo amor y una sensación inmensa
De quedarte allí conmigo por siempre;
Mirándote fijamente te dije:
“Yo te juro que no miento cuando digo que te quiero”
Me besaste otra vez, pero desperté
De aquel sueño tan hermoso.

lunes, 11 de julio de 2011

Lo grande que son las pequeñas cosas


Aunque es una historia ficticia, refleja el problema de muchas parejas, quienes se dedican a una vida de superficialidad, dejando a un lado los pequeños detalles de la vida que evitan que se convierta en un caos (es el vacío sin sentido de la vida cotidiana)

Abrí los ojos y aún estaba oscuro, no eran más de las 4.00 am, volví mi rostro del otro lado de la cama y todavía estaba dormido mi esposo, ambos habíamos trabajado hasta tarde, y en pocas horas debíamos estar en la oficina.

Me senté sobre un lado de la cama y empecé a repasar, así que allí recomenzaba un nuevo día lleno de ajetreo, visitar a unos clientes, preparar informes, reunión con los superiores, comer algo, asistir a las capacitaciones de liderazgo, en fin, en la noche, llegar a la casa a terminar el trabajo que durante el día tan corto no había podido completarse, uno de los dos preparaba la comida y las conversaciones no eran de otro tema que no estuviera relacionado con la oficina, como,  cifras, papeleos, reuniones, esas eran nuestras pláticas. Muy rara vez nos preguntábamos por nosotros, sólo en cumpleaños y aniversarios, había un detalle, una palabra, algún gesto, pero el resto de los días, todo giraba  entorno a las responsabilidades del trabajo, y nada como pareja.

Me calcé con las pantuflas de felpa y tomé el kimono que estaba al lado de la cama, me acerqué a la ventana, abrí un poco la cortina para que la luz de las calles no despertara a Sebástian, todo el suelo estaba cubierto por las hojas de los árboles, una que otra persona trotando por el parque más cercano, las farolas aún iluminaban las calles, también vi varios gatos merodeando por los techos y maullando a la luna llena, que por cierto lucía hermosa, tan grande y radiante, como le caracteriza esa fase, además no habían nubes en el cielo, lo que significaba un día soleado y un poco frío, estábamos por comenzar el otoño, y a esa hora de la mañana tomé la primera decisión del día, llegaría tarde a la oficina.

Rápidamente fui al escritorio y tomé una libreta, de la que arranqué una hoja y tomando un esfero de los que estaban en el portalápices, le escribí una nota: “Sebástian, salí a trotar un poco, voy a llegar tarde a la oficina, adelántate y nos vemos allí”. Lo dejé del lado de mi almohada y me vestí con una sudadera, una chaqueta y un par de tenis. Bajé y abrí la puerta con mucho sigilo, tomé las llaves que estaban a un lado, y con el mismo cuidado cerré.

Hacía tanto tiempo no hacía eso, que me sentí como si después de todo lo que el tiempo que había restringido para dedicarme a mí, estaba siendo recuperado, aunque fueran pocos minutos de ejercicio. Corrí por todo el parque, saludé con una sonrisa a otras personas que hacían lo mismo que yo, comprendí que el tiempo que había utilizado en hacer dinero, lo hubiera podido distribuir entre el trabajo, Sebástian y por supuesto yo. Pero mi decisión fue entregarme del todo a mis obligaciones de la oficina; me sentí apoyada por mi esposo, pues él tomó la misma decisión, trabajar durante toda la juventud para que cuando estuviéramos ancianos, pudiéramos cosechar todo lo labrado, pero lo que ninguno se había dado cuenta, hasta ese día, era que el tiempo se nos estaba pasando, y el ‘matrimonio’ que alguna vez tuvimos,  conforme pasaba el tiempo, se convertía en una relación de trabajo. Pero eso llegaría hasta hoy. Doblé en la siguiente esquina y emprendí mi regreso a  casa.

Cuando llegué Sebástian se encontraba en salida de baño. Me ubiqué justo enfrente de él, y antes de que pronunciara palabra alguna, lo besé, le dije que quería recordar que éramos marido y mujer y no dos compañeros de trabajo, inmediatamente reaccionó diciendo que eso lo podíamos hacer el fin de semana, pero que hoy tendríamos una agenda apretada. Indignada respondí, -nuestro matrimonio se está yendo a pique y a ti sólo te interesa la empresa, de que nos sirve tener tanto dinero, si cuando tengamos más edad no vamos a estar juntos para disfrutarlo, ¿sabes por qué?, porque va a llegar el momento en que nos cansemos de tanta monotonía, y cada uno preferirá reconstruir su vida con alguien más, ¿eso es lo que quieres?

Tiré la puerta de la habitación y bajé a la cocina a prepararle el desayuno; aunque no derramé lágrima alguna, tenía el alma dolida, seguía empeñada en no ir a trabajar ese día; Sebástian terminó de vestirse, y luego bajó a la cocina, pero para mi sorpresa no de saco y corbata, si no como un día de domingo. Lo había comprendido, en escasos segundos, entendió  que si no hacíamos algo pronto, nuestro matrimonio se iría a pique.

Llamamos a la oficina, le dijimos a nuestras asistentes que hoy no iríamos a trabajar, así que aplazara todas las citas y reuniones programadas a la fecha. Sebástian se mostró muy cariñoso durante el desayuno, era picadillo de fruta, digamos que me comí casi toda su ensalada, me largaba todo con su tenedor, mientras yo hacía lo mismo, sí ya sé, fue algo ‘cursi’ pero no lo hacíamos hace muchísimos años.

Salimos a caminar al parque, hacía un día bastante soleado, íbamos tomados de la mano, abrazados, de repente él besaba mi frente, yo su mano, se veía esa ternura que el trabajo nos había arrebatado durante tantos años. Me antojé de comer helado, así que nos detuvimos en el carrito de helados, y detrás de una fila de numerosos niños esperando su turno estábamos nosotros, también a la espera del nuestro, cuando por fin lo recibimos, probé el mío y unté un poco en su nariz, él hizo lo mismo en mi frente, ambos reímos y cuidando de no estropear los helados nos dimos un abrazo.

Tomamos asiento en una de las bancas del parque, a pesar de ser un lunes en la mañana habían muchos niños jugando, algunos a la pelota, otros a la ‘lleva’, los que preferían montar en bicicleta, las niñas jugando a la casita, en fin, habían muchos pequeños, creo que fue por eso que nos contagiamos, hablamos con los niños que estaban jugando fútbol  y le pedimos que nos dejaran jugar con ellos. Reímos a carcajadas, en realidad ellos eran más expertos en el tema que nosotros. Les agradecimos y seguimos caminando. Vimos  un alquiler de patines y Sebástian propuso que prestáramos un par, me costó acordarme porque hacía mucho rato no los utilizaba. Pero con su ayuda conseguí recordar, lo suficiente como para que después estuviéramos apostando una carrera para ver quién era más veloz.

Tropezábamos con mucha gente, pero sólo nos excusábamos y seguíamos adelante, fijamos una meta y quien llegara después, debía pagar penitencia. Me esforcé, en serio que lo hice, pero Sebástian fue más ágil, y me ganó por escasos metros. Me tomó de la mano, sonriendo me dijo debes pagar penitencia, hazme una declaración de amor.

Sonreí, y de inmediato una idea loca se atravesó por mi cabeza. De hecho no era mía, la había visto en un video, <all about loving you> de Bon Jovi. En el mismo parque había un espacio donde se practicaban deportes extremos, no mucho, sólo patineta, escalar una pared, lanzarse de un edificio alto atado de pies, o arrojarse de allí mismo con un paracaídas.
Le pedí un momento mientras arreglaba todo para darle la sorpresa, así que mientras tanto leyera alguna revista, comiera algo, charlara con alguien a espera de que yo cumpliera con mi penitencia. Besé su frente y fui en busca de un aerosol.  Devolví los patines y fui a la calle de enfrente, por suerte había una ferretería, y pude comprarlo allí. Fui a la azotea del edificio, y tuve casi que convencer al encargado para que me dejara marcar un TE AMO en uno de los paracaídas.

Por fin accedió, después de unas cuantas llamadas, largos minutos de espera, me dio la autorización, pero me advirtió que debía pagar un monto adicional. Saqué el dinero que pedía y procedí a marcar el paracaídas.

Nunca me había lanzado de algo parecido, a mis 30 años de edad, era la primera vez que hacía algo tan extremo, pero bueno, debía darle un toque especial a ese día, que marcaría una nueva vida para ambos. Estaba muy nerviosa, en medio de un sin aire escuché las últimas recomendaciones, sólo eran 60 pisos, de qué me preocupaba, no me iba a lanzar de un avión, sólo era un edificio, pronto caería, además, se trataba de una declaración de amor, debía ser valiente.

Y bien, ahí estaba, a espera de tomar la decisión. Llamé la atención de Sebástian con un silbido, cuando lo conseguí me lancé. Un vacío corrió por todo mi cuerpo, podía sentir mi sangre corriendo por todas las venas, tiré rápidamente de la cuerda que abriría el paracaídas, creo que captó la atención de todos porque no dejaron de verme hasta que aterricé, mientras iba cayendo podía admirar la cara de felicidad de Sebástian, una mezcla entre sorprendido, alegre, el ver que venciera el miedo a lanzarme de algo así.  

Cuando aterricé corrió a abrazarme y decirme que él también sentía lo mismo, su voz casi que quebró diciéndome un gracias, por devolverle eso que hace mucho tiempo no sentía, por devolverle la felicidad que el trabajo le había arrebatado. Me alegra que lo entendieras, respondí a tan conmovedoras palabras. Ambos mantuvimos abrazados, mientras la multitud aplaudió nuestro amor.

Algo apenados por lo sucedido, sólo sonreímos y nos dimos un último beso en público, ya era algo tarde, el día se había pasado disfrutando de esas pequeñas cosas que hacía ya bastante tiempo no vivíamos. Desde una tomada de mano, hasta el tiempo que nos dedicamos para nosotros. Hacer a un lado las reuniones y asuntos laborales, para vivir el día como pareja y no como compañeros de trabajo. Eso fue lo mejor de aquél día.

A partir de ese día las cosas cambiaron, bajamos la intensidad de trabajo, habían más charlas entre los dos, ya no se trataban de asuntos laborales, acordamos dejar todo eso en la oficina, que nuestra casa fuera refugio para avivar la llama del amor, largas horas de conversación, pero que alimentaban el sentimiento,  tardes de películas los fines de semana, cocinar el almuerzo, la cena, en lugar de comer en finos restaurantes, sacarle jugo a cada momento que pasáramos en pareja. Eso era lo importante, aunque al hacer a un lado tanto trabajo, redujo nuestros ingresos, con el que quedamos fue el suficiente para vivir cómodamente, si queríamos salir de vez en cuando, hacer algún viaje, visitar a viejos amigos, parientes, en fin. Darle la importancia a esos detalles tan pequeños pero que si no fueran por ellos, la vida sería vacía y rutinaria.

Esta fue la experiencia que nos ayudó como personas y como pareja y que hoy compartimos a quienes lean este escrito.

FIN.

jueves, 30 de junio de 2011

Vagando en tu recuerdo





Vago sola por las calles
Intentando buscar una respuesta,
Al porqué de las cosas
Por qué ayer lo tuve y ahora no.

Llego a un callejón
Donde encuentro un baúl,
Allí están todos sus recuerdos,
Abandonados y ocultos después de tanto tiempo,
A pesar de la oscuridad y el terror que causa ese lugar,
Me inclino y lo abro;
En él, encuentro aquél hombre del que me enamoré una vez
Y que hoy no existe,
Charlé con él,
Y me dijo que no volverá,
Que me resigne,
Entiendo que lo tengo que olvidar.

Le pedí que volviera allí,
No quería regresar a lo mismo,
                                                               Que no volviera  a salir,                                                  
Me ordenó que fuera feliz
Y en un santiamén ya no estaba ahí.

Desperté,
Tan sólo fue un sueño,
Un sueño en el que conocí la cruda realidad,
En el que vi a los ojos su ausencia, la que me hacía fallar,
En mis intentos de olvidar.

Ahora sigo vagando,
Ya no por calles oscuras,
Si no, por senderos en busca de la felicidad
Que una vez tuve con él, pero que gracias al destino,
Debo escribir en el libro de la vida, un nuevo capítulo.

martes, 14 de junio de 2011

¿A qué juegas?


¿Por qué tanta insistencia en no cometer errores?
Dicen que existen dos formas de adquirir experiencias,
De los caídas y de los triunfos, cada quien es digno
De elegir su forma de aprendizaje.

Tal vez porque no queremos repetir la historia dos veces,
Como algún poeta español dijo una vez,
“El que no conoce la historia está condenado a repetirla”
Todo es cuestión de llevar una vida sin prisas,
Una vida pausada, vivirla sin pensar en el mañana,
Sólo con lo que el presente te brinda.

Es lógico pensar que si te quedas esperando
A que las cosas lleguen solas no vas a hacer nada,
Debes luchar para ganarlas, absolutamente nada, es gratis,
Todo tiene un alto precio,
A mayor ambición, mayor costo.

Puedes jugar con el destino,
Puedes engañarlo, puedes vencerlo en su mismo juego,
Con sus propias reglas, todo es cuestión de conocer su debilidad,
Usarla a tu favor, y escribir tu propio camino,
Sólo tú decides si cruzas el abismo creado para ti.

Si has pasado por esto, has evolucionado,
No te has regido a las reglas del universo,
Has creado unas propias, eso es marcar la diferencia,
No ser uno más del montón,
Pero cuídalas, no querrás que otros te imiten,
Eso empañaría tu imagen,
Y todo el trabajo que has hecho, se habrá derrumbado.

Es como escalar una montaña,
Requiere de esfuerzo, sudor y dedicación,
Pero al llegar a la cima, sabrás que cada sufrimiento
Era necesario para deleitar el amargo sabor de la victoria.

jueves, 9 de junio de 2011

MIEDOS...


Naufrago en el mar de una esperanza,
Esperando encontrar una luz después de tanta neblina,
Pero las circunstancias así no lo quieren,
Sólo soy un peón, una ficha sin importancia en mi mente.

Me encuentro en altamar,
Visualizo un faro a lo lejos, creo ver una luz,
Pero no es más que un espejismo, mi mente me ha engañado… otra vez.

Dejo caer el ancla en un mar árido,
Aunque es otro espejismo de mi mente,
Esta vez creo que tuvo sentido arribar allí,
Nubes negras inundan el cielo,
Una tormenta se avecina, truenos y relámpagos vienen con ella.

Me detengo a mirar atrás y veo como una
Tormenta de recuerdos se aproximan,
Entonces entiendo el porqué de la lluvia y de aquel vendaval,
Son aquellos miedos que alguna vez hice a un lado
Y que ahora han retornado para ser enfrentados.

Desanclo la barca y emprendo nuevamente un rumbo,
Intento huir de la tormenta, pero me detengo y pienso,
Que en cualquier lugar que me oculte esa fuerza será como mi sombra.
Después de enfrentarla veo como toma forma
Una sombra gigante que cubre la barca,
Se abalanza sobre mí,
Pero una luz emana de mi pecho y logra hacerle un agujero,
Termino con mi vida pero también
He culminado con la sombra de mis miedos.

sábado, 4 de junio de 2011

Derrótala


Te encuentras invicto de tu independencia,
Pero no es una prisión común,
No tiene cuatro paredes, no tiene celdas,
Tiene toda la libertad que puedas pedir,
Sólo que alguien te manipula, eres su marioneta.

Estás harto de serlo, quieres cambiar,
Dejar de ser un juguete de distracción,
Decides levantarte, pero te das cuenta que las cuerdas están ahí,
Y por más que puedas moverte no puedes huir.

Así que regresas a tu sitio,
No eres más que un esclavo,
No tienes derecho a opinar sobre lo que hagan contigo,
Una vez más te resignas y piensas en el gran día
Que logres tu victoria, que consigas las armas
Para romper esos hilos que te hacen prisionero.

Sabes que existe un camino,
Sabes que debes luchar,
Pero te falta algo llamado VOLUNTAD,
¿Donde la consigues?
Eso también lo sabes,
Es sólo cuestión de valor,
¿Lo tienes?, si lo tienes inicia la batalla,
Que te llevará a la libertad,
Que te hará encontrar lo que necesitas
Para completar tu independencia,
Para consumar el sentido de tu existencia.

Pero mientras tanto ¿Qué?
Sigues atado sin nada que hacer,
Utilizas este tiempo para conocer a tu adversaria,
Conoce sus puntos débiles, para cuando te enfrentes,
Ya la conozcas y sepas donde debes atacar.
TU MENTE DEBE SER DERROTADA
Y POSTRADA ANTE TI.